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viernes, 18 de marzo de 2011

La mano izquierda.

Un día mientras caminaba por el pasillo camino a la lección mas grande que mi inconciente me daría, me tope con el estudio de un gran pintor, aquel que todo surrealista querría ser su aprendiz y yo tenia el honor de serlo, al entrar a las cuatro paredes que eran testigos tangibles de aquellos debrayes del coloso de texturas.
Tan grande fue mi asombro, que aquellos muros tan afortunados no colgara nada mas que escala de grises y naturaleza muerta, como si viviera el ermitaño mas engreído de nuestra montaña ahí.
Sorprendido de tal acontecimiento me dispuse a preguntarle:
Señor no es por desafiar la belleza de su Gala , ni mucho menos la agilidad de su mano izquierda pero por que de estas paredes no cuelga mas que hostilidad y olvido, siendo que sus grandes obras trepan por las paredes de galerías y museos, adornan las pupilas de cada ojo que con morbo las observa.
El pintor con una cara de sátira y angustia le responde:
Compañero de melancolías, no me creerías nada por lo cual no se encuentra ni un solo bosquejo en este cubo atipico, te apostaría mi mano izquierda y la musa de mis sueños a que me tomarías por un demente.
No, no señor en mi mente no cabria la tonalidad de piel de su Gala y mi cuerpo explotaría con dicha habilidad, no diga eso.
No sigas que mi mente se sonrojara y mis manos e ideas temblaran de nervios, dijo el pintor con una cara de señorita apunto de otorgar su virginidad.
Cada vez que comienzo delicadamente con un carbón, mis creaciones se dirigen a mi con una cara tan inocente tan llena de agradecimiento, pero al avanzar a darles ese soplo de vida, esos colores que iluminan su sentido, su mirada hacia mi ser cambia, depositan en mi esa gota de rencor que todo padre siempre temió de su primogénito, repudian las cerdas del pincel, y muerden con sus poros la aspereza de mis colores, al terminarlas no puedo hacer mas que taparlas con las sabanas de mi carácter, y amarrarlas a la columna de mis recuerdos la cual esta agrietada gracias a esta vejez.
Al taparlas hago que mis fantasmas las expulsen del pensamiento del centro de aujes remotos y la lleven a las miradas sedientas de morbo y babiantes por sexo.
Donde serán colgadas y momificadas con un marco de bronce, ahí nunca me harán daño ahí nunca me preguntaran el por que fueron creadas ¿cual es la teoría de la vida? me preguntarían y no creo que sus inteligibles mentes se traguen el cuento del Big Bang. Cuando me cuestionen ¿de por que los materialice?, no escuchare sus reproches, me cuestionaran del por que salieron de mi ser ¿para que las manos sintieran su desnudes? créeme que si escuchara siempre sus aullidos salvajes pero sinceros, los niños de mi interior no podrían volver a jugar con los pigmentos del corazón.

Muchacho, gran oído que ahora es testigo de lo que mis miedos murmuran, ¿vez aquel gran corcel de aya?, el que esta en aquella esquina tapado con una sabana morada y rodeado de rosas quemadas.

Si claro que lo veo, (le respondí con el suspenso que me hizo sentir sus adentros)

Es la creación mas mal agradecida que pueda yo a verle dado el elixir del suspiro, era tan inocentemente armonioso, como pude hacer que un corcel tan bello se transformara en eso, con lagrimas en los ojos me lo dijo aquel pobre hombre.
Yo tratándole de mostrarle un camino al consuelo, le mostré fotos de su niñez, y lo verde que era el exterior. Cuando de repente con una expresión fuerte y de carácter me dijo:
Tómala y vete, no destapes esa quimera donde el tacto de mis ojos la pueda palpar, destápala donde tus instintos te ofrezcan consuelo, a ti no podrá hacerte nada, tu no harás mas que halagarla y enraizarla a tus recuerdos, ella te coqueteara no saltara a ti tratando de devorar tus entrañas, como quiso hacerlo conmigo. Corre y no le cuentes de esto a nadie.

Corrí, corrí tan rápido que olvide el retrato de mi familia, pero la curiosidad no me hizo regresar, comencé a caminar por el pasillo de la realidad donde solo la luna observaba mis movimientos.
Al llegar a un parque, viendo que estaba repleto de niños jugando y madres dadoras de vida, supuse que si la fiera que cargaba en mis hombros es tan educada como su creador, no podría saltar enfrente de este sembradío de inocencia y devorarme sin ningún pudor. Tome todos mis ansias, las puse en mi bolsillo y comencé a desnudar aquella obra de arte, mientras el bronce de aquel marco atrajo la atención de mis ojos, comencé a ver sus ojos tan llenos de rencor y semblante de un animal salvaje, al destaparlo por completo ¡espera!
Como puede ser esto posible, era un retrato mió, mi cara y mis rencores plasmadas en tela con yeso, aquel pintor trato de enseñarme algo, lo sabia pero para mi sorpresa no recordé ni de donde había sacado mi cara, el pintor me enseño a materializar lo intangible y a quemarlo, a colgarlo en las paredes del olvido donde para otras personas no es mas que “arte”, mi subconsciente es la realidad que desprendió mis dudas, tomo forma de pintor para enseñarme esto, entonces en aquella bella escena de un parque, madres con sus hijos, y el resplandor de los girasoles otoñales, me dispuse a amarrar a los globos del libertinaje, y dejarlos ir por la ventana que abrió mi mente, fue doloroso ver mi rostro ir a un lugar al cual no se merecía ir, viendo con unos ojos como cuando le dan el ultimo adiós a un ser amado, a ese ser que nunca quisiste que muriera, pero que seria natural que lo hiciera y ahora te toca aventarle flores para después taparlo con la tierra que tu mismo sacaste del centro de la tierra, como algún día lo harán con lo que soy yo.

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